A veces me canso
de entender versos
por la queja miserable
de su fuente maldecida
un lamento distante
que arranca su vida
como viento que se enreda
teñido de olvido entre lágrimas
secas por la ternura y el sufrimiento,
con la certidumbre constante
de mentiras tras el horizonte
de unos labios y sus besos,
cuando queman como brasas
y al contacto se sienten fríos
como escarcha prendida al tallo…